Los influencers, ¿incluirlos a no en su estrategia digital?

Con esto de la era digital y de las nuevas maneras de ganarse la vida que han surgido de la misma, el asunto de los “influencers”, sean estos youtubers, instagramers o personas que publican en cualquier otra red social y que tienen un considerable número de seguidores, ha tenido tal acogida que hay ahora un programa universitario para convertirse en Influencer, dirigido por la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada. No obstante, aunque a los Millenial los sorprenda, eso de ser influencer no es nuevo.

 

Empecemos por definir el término, un influencer no es más que un influenciador, es decir, alguien que por sus acciones tiene la capacidad de influir en muchos otros y que, en consecuencia, pueden dirigir el mercado hacia ciertos productos o servicios o, por el contrario, crear rechazo y generar resistencia a los mismos. Ya antes de las redes sociales, había influenciadores: las celebridades, por ejemplo. Actores, actrices, modelos, líderes mundiales, que siempre han movido masas, que son amados y admirados por muchos. Pero, además, están los expertos, es decir, personas que por su conocimiento tienen alta credibilidad en los públicos, y aquí caben los académicos, los científicos, los periodistas y los consejeros profesionales, los escritores, los bloggeros (que llegaron con la popularización del internet y fueron los primeros “influencers” digitales). La diferencia ahora radica en que muchos de los influencers no tienen más mérito que haber conseguido un número significativo de seguidores en sus redes y las marcas, a veces de manera acertada pero muchas otras de forma equivocada, confunden esos seguidores con compradores para sus productos, pero esto no necesariamente es el caso.

 

¿Cómo saber si el influenciador le ayuda a su marca? Compartimos algunos consejos:

  1. Primero, recuerde siempre que muchos seguidores no significan muchos clientes. Los seguidores son del influenciador, no suyos.
  2. Estudie muy bien a sus públicos y busque un influenciador que podría (o que ya es) consumidor de su producto o servicio: solo si uno cree que el producto o servicio de verdad sería adquirido o usado por el influenciador, puede convencerse y dejarse influenciar; de lo contrario, se pone en evidencia que detrás hay solo una transacción económica por servicios de publicidad y nadie le cree ni le sigue el cuento.
  3. Si va a trabajar con influenciadores, no se deje engañar por la cantidad de seguidores. Revise, más bien, la cantidad de interacciones que los seguidores realizan con él, las conversaciones que entablan, los comentarios. Recuerde que los “me gusta” se pueden comprar, que no son costosos. En esto, más vale calidad que cantidad.
  4. Muy en la onda del enunciado anterior, prefiera microinfluenciadores: los grandes influenciadores han caído en las tentaciones de la publicidad y suelen asociar su imagen con tantas marcas, algunas de ellas que se contradicen entre sí, que ya difícilmente influyen en las decisiones de compra de sus seguidores. Curiosamente, las marcas suelen preferir influenciadores que ya han trabajado para otras marcas, aunque vaya en contra de las recomendaciones. No cometa usted el mismo error.
  5. Si decide trabajar con influenciador, déjelo que actúe de manera natural con su marca, sin entregarle un guión. Si lo saca de su discurso, de la manera como está habituado a hablar con sus seguidores solo para acogerse a sus “principios de identidad de marca”, le está quitando el encanto al asunto y les está demostrando, otra vez, a los seguidores que detrás hay solo una transacción económica. Eso sí, pídale que genere contenido de valor con su marca, que enseñe a usar el producto, que también incite a sus seguidores a hablar de él.

Si requiere asesoría y acompañamiento en su estrategia de Marketing de Influenciadores, nuestro equipo profesional puede ayudarlo.